¿Qué cambia al comprar en la Unión Europea en 2026?
Varias normas europeas aprobadas en 2024 llegan al consumidor en la segunda mitad de 2026 y a lo largo de 2027. No lo hacen a la vez, no tienen el mismo alcance y con frecuencia se resumen en la prensa como si fueran una sola "ley verde". No lo son. Un grupo de reglas regula lo que un vendedor puede escribir en una caja o en un anuncio. Otro regula qué ocurre cuando algo se estropea. Un tercero impide que los productos hechos con trabajo forzoso circulen por el mercado europeo. Un cuarto, todavía en construcción, acabará asociando un registro digital a cada producto de ciertas categorías.
Este repaso sigue el orden en el que el comprador se las encuentra: la etiqueta, el taller de reparación, la cadena de suministro, el pasaporte digital y el cargador. De cada una intentamos explicar qué cambia de verdad, qué no cambia y cuánto dice sobre el origen de lo que compras. Este último punto importa en este sitio. Democratic Market trabaja con una regla estrecha: el país del vendedor y el país de cada componente deben superar 6,0 en el índice de la EIU. Ninguna de las normas europeas que siguen mide eso. Son derecho de consumo, de producto y de comercio, útiles por sí mismas, pero responden a otras preguntas. Una advertencia sobre las fechas: escribimos en octubre de 2026, el derecho se mueve y la transposición nacional varía, así que comprueba el texto oficial y las normas de tu país antes de apoyarte en cualquier detalle.
¿Están prohibidas ya las alegaciones verdes vagas como "ecológico" o "respetuoso con el medio ambiente"?
La Directiva (UE) 2024/825, sobre capacitación de los consumidores para la transición ecológica, modifica las normas vigentes sobre prácticas comerciales desleales y derechos de los consumidores. Según la norma, se aplica a partir del 27 de septiembre de 2026. Los Estados miembros debían trasponerla antes de esa fecha, de modo que en el momento de escribir esto debería estar ya en vigor en la mayoría de los países, aunque conviene comprobar cómo se ha transpuesto en el tuyo. El cambio más visible afecta a las alegaciones ambientales genéricas. Expresiones como "ecológico", "verde", "respetuoso con el medio ambiente" o "amigo del clima" dejan de poder usarse sin más. La lógica es sencilla: una palabra vaga invita a imaginar un beneficio que nadie tiene que demostrar. Con la nueva regla, una alegación genérica solo es aceptable si el vendedor puede acreditar un comportamiento ambiental excelente y reconocido, por ejemplo mediante una etiqueta ecológica oficial como la Etiqueta Ecológica de la UE, y si la alegación se refiere a eso.
La directiva también exige precisión sobre el alcance. No se puede presentar un producto entero como fabricado con material reciclado si solo lo es el envase. Las promesas de futuro, del tipo "neutros en carbono en 2040", deben apoyarse, según el texto, en compromisos claros, objetivos y verificables, con un plan detallado y un seguimiento por un experto independiente. Tampoco se puede vender como rasgo distintivo algo que la ley ya exige a todos, como presumir de que un producto no contiene una sustancia que está prohibida de todos modos. Lo que no cambia es que los vendedores pueden seguir haciendo alegaciones concretas y demostrables, como "fabricado con un 80 por ciento de poliéster reciclado" si es cierto. Y la norma no te da un veredicto sobre si un producto es bueno para el planeta. Regula la honestidad de la frase, no la bondad del producto. Un matiz útil: en alimentación, "ecológico" tiene además un significado legal propio en el reglamento de producción ecológica, que sigue funcionando por separado.
¿Se puede seguir diciendo que un producto es neutro en carbono?
La respuesta corta es que no, al menos con el argumento que se usaba hasta ahora. La directiva prohíbe afirmar que un producto tiene un impacto neutro, reducido o positivo en las emisiones de gases de efecto invernadero cuando esa afirmación se basa en compensar emisiones fuera de la cadena de valor del propio producto. Una marca puede seguir pagando créditos de carbono, y puede explicar que lo hace, pero no puede usarlos para decir que la camiseta o la cafetera son "climáticamente neutras". Lo que sí queda abierto es describir con datos propios lo que se ha hecho dentro de la cadena de valor, por ejemplo una reducción medida de las emisiones de fabricación respecto a un año de referencia. El detalle de qué se considera una alegación válida lo fijan el texto de la directiva y su transposición, así que ante un caso dudoso conviene leerlos.
Los sellos siguen una lógica parecida. Según la norma, quedan prohibidos los distintivos de sostenibilidad que no se basen en un sistema de certificación o que no hayan sido establecidos por autoridades públicas. Es decir, la hoja verde, el globo terráqueo o el sello redondo diseñado por el departamento de marketing de la propia empresa. Un sistema de certificación fiable tiene reglas públicas, está abierto a cualquier operador que las cumpla y comprueba el cumplimiento mediante un tercero independiente. Lo que no cambia es que los sellos certificados de verdad, como la etiqueta ecológica de la UE o los esquemas sectoriales con verificación externa, siguen siendo válidos. Y conviene recordar que un sello certificado cubre lo que cubre: un certificado sobre el algodón de una camiseta no dice nada sobre la costura, el transporte o el taller donde se cosió.
¿Qué es el derecho a reparar y a qué productos se aplica?
La Directiva (UE) 2024/1799 sobre el derecho a reparar daba a los Estados miembros hasta el 31 de julio de 2026 para trasponerla y aplicarla. En el momento de escribir esto, el calendario nacional puede variar, por lo que comprueba cómo se ha transpuesto en tu país. La idea de fondo es que, cuando algo se rompe, repararlo sea una opción real y no una molestia silenciosa. Hay dos mecanismos principales. Dentro de la garantía legal, si eliges la reparación en lugar de la sustitución, la garantía se amplía doce meses, según la directiva. La garantía legal de dos años para los bienes de consumo procede de otra norma, la Directiva (UE) 2019/771. Fuera de la garantía, para determinadas categorías de producto cuya reparabilidad exige ya la legislación europea, como ciertos electrodomésticos, pantallas o teléfonos, el fabricante debe reparar si se lo pides, a un precio razonable y en un plazo razonable. La lista de productos concretos figura en un anexo de la directiva y depende de los requisitos de reparabilidad que fije cada reglamento de producto, así que parte siendo estrecha y se espera que crezca.
En la práctica cambian varias cosas pequeñas que suman. Podrás pedir un formulario europeo normalizado con la información de la reparación, que recoge el precio, el plazo y las condiciones, antes de decidir si aceptas el presupuesto. Habrá una plataforma europea en línea para encontrar talleres en distintos países. Y, según el texto, los fabricantes no deberían usar cláusulas contractuales ni técnicas de hardware o software que impidan la reparación, ni negarse a reparar solo porque antes la tocó otro taller. Lo que no cambia es bastante: la directiva no cubre todos los productos, no obliga a nadie a reparar para siempre, no te obliga a ti a reparar y no dice nada sobre de dónde proceden las piezas. La Directiva 2024/825 añade un complemento: un vendedor no puede presentar un bien como reparable si no lo es, ni ocultar que una actualización de software perjudica su funcionamiento.
¿Qué es la prohibición europea de productos hechos con trabajo forzoso?
El Reglamento (UE) 2024/3015 prohíbe poner en el mercado de la Unión, o hacer disponibles en él, productos fabricados con trabajo forzoso, y también exportarlos. Se aplica a partir del 14 de diciembre de 2027, de modo que este otoño no cambia nada en las tiendas. Alcanza a todos los productos, sean de fabricación nacional o importados y de cualquier sector. No hay una lista de países ni de bienes prohibidos de antemano. Son las autoridades nacionales las que investigan y, si concluyen que hay trabajo forzoso, pueden exigir la retirada del producto del mercado, y las aduanas pueden detener envíos. Según el reglamento, la Comisión debe publicar orientaciones y mantener una base de datos sobre riesgos para ayudar a las autoridades. Conviene seguir esa parte en el texto oficial, porque los plazos de esos instrumentos auxiliares son distintos del de aplicación general.
Importa tanto lo que hace como lo que no hace. No es una ley de etiquetado: no verás un sello de "libre de trabajo forzoso" en la caja. No obliga a las empresas a publicar su lista completa de proveedores. Y no equivale a la normativa de diligencia debida empresarial, otra ley distinta cuyo alcance y calendario se han estado revisando, de modo que la dejamos aparte. Es, con diferencia, la norma de este repaso que más se acerca a lo que Democratic Market observa, porque toca la cadena de suministro. Pero conviene no mezclar las categorías. El reglamento trata de un abuso laboral concreto en la producción de un bien, no del tipo de régimen político del país. Una puntuación baja en el índice de la EIU no prueba que un producto concreto se haya hecho con trabajo forzoso, y una alta no garantiza lo contrario: un abuso laboral puede existir en cualquier parte, también en la agricultura de países bien situados en el índice.
¿Dice alguna de estas normas de dónde viene realmente un producto?
No, y es la idea más importante de este artículo. Las normas europeas regulan el mercado, no el origen político. La regla de las alegaciones verdes dice cómo puede formularse una frase. La de reparación actúa después de la compra. La de trabajo forzoso se ocupa de un abuso concreto. La del cargador, de un conector. Ninguna pregunta en qué países se produjeron el algodón, el cobalto o el montaje, ni cómo puntúan esos países. Los datos del índice lo ilustran. Dentro de la Unión se aplica la misma ley en Alemania (8,8), Francia (7,99), España (7,94), Italia (7,69) y Polonia (7,15), pero también en Rumanía (6,49), Bulgaria (6,38) y Hungría (5,74). Con la misma legislación, el contexto político es distinto, y con el criterio de este sitio, un vendedor establecido en Hungría no superaría el umbral de 6,0 en el país del vendedor, mientras que uno rumano o búlgaro sí.
Fuera de la Unión ocurre algo parecido. Las normas se aplican a los bienes que se comercializan en el mercado europeo, los fabrique quien los fabrique: desde países como Reino Unido (8,28), Japón (8,1) o Estados Unidos (7,85) hasta otros que puntúan mucho menos, como Turquía (4,35), Bangladés (5,43), Vietnam (2,63) o China (1,94). Una chaqueta vendida en Madrid que cumple las cuatro normas puede llevar tejido de un país, cremallera de otro y costura de un tercero. El derecho europeo hace responsable al vendedor de lo que afirma sobre ella y de su garantía, pero dice poco sobre las condiciones políticas del lugar donde se hizo la cremallera. Por eso un vendedor puede afirmar con verdad que su prenda lleva poliéster reciclado certificado, y que alguno de sus componentes venga de un país que puntúa 1,94. Cumplir la ley y conocer el origen son ejes distintos. No juzgamos. Verificamos.
¿Qué es el pasaporte digital de producto y cuándo llegará?
El Reglamento de Ecodiseño (UE) 2024/1781 entró en vigor en julio de 2024. Es un marco: por sí solo no fija reglas para cada producto. La Comisión debe adoptar actos delegados categoría por categoría, y son esos actos los que definen los requisitos concretos, incluida la información que debe llevar el pasaporte digital de producto. Ya hemos tratado el reglamento con más detalle en otro artículo, así que aquí solo lo que le sirve al comprador: el pasaporte será un registro al que se accederá escaneando un código, con datos como los materiales, cómo se repara o cómo se recicla. Cuándo llega depende del calendario de la Comisión para cada categoría; en el momento de escribir esto, la mayoría de las categorías todavía no tiene pasaporte. Según el reglamento, además, se prohíbe destruir ropa, complementos y calzado sin vender, con aplicación escalonada desde julio de 2026 para las grandes empresas; comprueba el texto oficial para el detalle.
Las baterías van por otra vía. El Reglamento (UE) 2023/1542 tiene su propio pasaporte, previsto para 2027 en ciertas categorías de baterías grandes, como las de vehículos eléctricos o las industriales recargables de cierta capacidad. Eso quiere decir que el pasaporte del móvil o del patinete, si llega, no será simplemente una copia del de la batería, y que habrá que esperar a cada acto para saber qué lleva. Hay una precisión que importa en una web como esta: un pasaporte es información, no un certificado de origen político. Que figure o no el país de fabricación, o el de cada componente, dependerá de lo que establezca cada acto delegado, y no hay garantía de que el pasaporte permita comprobar por sí solo si un producto supera un umbral democrático. Será una pieza más para quien quiera investigar, pero no la respuesta completa.
¿Está en vigor la Directiva sobre alegaciones ecológicas (Green Claims)?
No, al menos en el momento de escribir esto. La Comisión presentó en 2023 una propuesta de directiva sobre justificación y comunicación de alegaciones ambientales explícitas, conocida como Green Claims. Habría obligado a verificar las alegaciones antes de usarlas, mediante un organismo acreditado. Según la información de que disponemos, la tramitación se ha frenado y su futuro es incierto, por lo que no puede tratarse como ley. No lo damos por muerto ni por vivo: consúltalo en las fuentes oficiales antes de citarlo. Conviene entender qué cubre cada pieza. La Directiva 2024/825, ya aplicable, dice qué tipo de alegaciones están prohibidas. La propuesta de Green Claims habría fijado cómo se prueba una alegación permitida. La primera limita lo que se puede decir, la segunda habría añadido una comprobación previa. Mientras no exista esa segunda capa, la vigilancia recae sobre las autoridades de consumo y sobre los tribunales, una vez que la alegación ya se ha publicado.
¿Es obligatorio ya el cargador USB-C común?
Sí, para muchos productos. La Directiva (UE) 2022/2380, que modifica la directiva de equipos radioeléctricos, exige desde el 28 de diciembre de 2024 que los teléfonos móviles, tabletas, auriculares, cámaras, consolas portátiles, lectores de libros electrónicos, teclados, ratones y altavoces portátiles que se vendan en la Unión se carguen mediante un puerto USB-C. Para los ordenadores portátiles la obligación llegó el 28 de abril de 2026. La norma permite además comprar el dispositivo sin cargador, para quien ya tiene varios en casa, y exige información clara en el embalaje sobre la carga. Lo que no significa: no obliga a cambiar los dispositivos que ya tienes, no exige que todos los cables carguen igual de rápido y no abarca aparatos muy pequeños o que cargan de otra forma. En esos casos, comprueba el texto de la directiva.
Sobre el origen, esta norma no dice nada, y precisamente por eso es un buen ejemplo de cómo funciona la regulación europea de producto: una regla técnica clara, aplicada a todo el mercado, que cambió el contenido de los cajones de millones de hogares sin que nadie tuviera que interpretar una etiqueta. Es el modelo de lo que las demás normas de este repaso intentan, cada una a su manera: sustituir una promesa difusa por una exigencia que se pueda comprobar. Sirve de recordatorio de que una buena regla no necesita ser larga, sino verificable. La cuestión de dónde se fabricó el conector y de qué países vienen sus metales queda, como casi siempre, fuera del alcance de la norma y dentro del trabajo que hace cada comprador.
¿Qué mirar desde ahora en una etiqueta o en un anuncio?
Empieza por los adjetivos. Si un anuncio dice "verde", "eco" o "sostenible" y nada más, trátalo como una frase incompleta: debería decir qué, cuánto y respecto a qué. Después mira el sello. ¿Procede de un sistema de certificación cuyas reglas puedes consultar y que tiene un verificador independiente, o es solo un dibujo? Fíjate también en si la alegación se refiere al producto entero o a una parte, como el envase. Con "neutro en carbono" sé especialmente escéptico: tras la directiva, no debería sostenerse solo con compensaciones. Si algo te parece engañoso, puedes preguntar al vendedor en qué se basa y, si no te convence, acudir a la autoridad de consumo de tu país, que es quien vigila el cumplimiento; comprueba allí cómo se aplica la norma en tu caso.
Después piensa en la vida entera del producto. Antes de comprar algo duradero, pregunta durante cuánto tiempo se compromete el fabricante a suministrar piezas y actualizaciones de software, y si existe información de reparación. Guarda la factura: la garantía legal en la UE es de dos años como mínimo en bienes de consumo, y elegir reparar la amplía. Por último, el origen. Si te importa de dónde vienen las cosas, recuerda que ninguna de estas normas te lo dirá. Busca el país de cada componente y no solo el "diseñado en" o el "ensamblado en". Democratic Market aplica una sola regla: el país del vendedor y el país de cada componente deben superar 6,0 en el índice de la EIU. La ley europea está poniéndose al día con la frase de la caja. Dónde se hizo lo que hay dentro de la caja sigue siendo una pregunta que hay que hacer.

